José Díaz fabula didáctica y creactivamente en el Concurso de COMUNICASIBER

En la narrativa de José Díaz, la fábula se convierte, en un recurso eficaz, para definir conceptos, cualidades y valores humanos, que se convierten, en la opción idónea, que encuentra un educador, armado ahora, con los recursos de un escritor, que le permiten abordar temas y conflictos contemporáneos, desde un universo zoológico transfigurado, capaz de despertar las más disímiles situaciones y perspectivas de una sociedad conflictiva y susceptible de ser renovada, didáctica y expresivamente hablando.

Desde el gorrión (que no se contenta con su propia identidad, y tiene que encontrar su distinción, en la intervención sagaz de su progenitora), hasta el juego espacial y caracterizador de tres personajes, en tres hábitats y situaciones confluyentes o disyuntivas, nos topamos a un agudo creador, con su ingrediente aleccionador y sentencioso, ocupado en reformar y reafirmar nuestra realidad, desde la órbita sugerente de un verdadero zoológico de conflictos, en ámbitos preexistentes o reinventados, para promover la catarsis, la continuidad y/o ruptura de los diferentes espacios altamente semantizados, a través de la genialidad y pugna de un pedagogo, que dialoga con su vida, como si todos los que la habitan fuesen seres humanos, en dualidad perfecta, con la extraña animalia de una compleja sociedad.

DIRECTIVA COMUNICASIBER.

GENERO NARRATIVA INFANTIL (FABULA)

El Gorrión que quiso tener plumas brillantes

Una mañana de domingo, subí con el abuelo a la azotea de la casa y descubrí con asombro que en el viejo tejado del vecino había un nido, en el que habitaban tres pichones de grandes y anchos picos amarillos; parecían enormes, en relación con sus diminutos y prácticamente desnudos cuerpos.  Sus padres, al verme cerca, revolotearon amenazadoramente sobre mi cabeza.

Me detuve, a cierta distancia, no quería que creyeran que yo era como esos niños que rompen nidos y usan el tirachinas contra indefensos animales.

Desde esa tarde, todos los días por la mañana, antes de ir a la escuela, recogía las migajas de pan que sobraban del desayuno y las depositaba a cierta distancia del nido.

Al principio, los padres de los pichones huían de mí; pero poco a poco se fueron familiarizando y llegaron a comer de mi mano, como buenos amigos. Llevaban las migajas, directamente desde mi mano, hasta a aquellos hambrientos picos, que nunca se cerraban, y, con un chillido continuo, todos querían comer a un mismo tiempo.

Pasaron los días y pronto empecé a ver con alegría cómo los pichones emplumaban, al tiempo que saltaban y revoloteaban por el largo y viejo tejado de mi vecino.

Pero, entre los tres pichones, resultó que el más pequeño era muy curioso y siempre permanecía junto a los aleros, mirando tristemente los patios vecinos, sin fijarse apenas en el suyo. Enternecido, miraba el color amarillo del canario, y sus ojos se volvían grandes y brillantes, pero nunca se fijó en la jaula que lo resguardaba.

También escuchaba el melancólico trino de un mirlo que, desde pequeño, vivía encerrado en una jaula, se detenía al fondo del tejado, inclinaba la cabeza y cerraba los ojos, para poder deleitar aquella música celestial.

Ya los hermanos del gorrioncillo volaban de techo a techo; pero él, preocupado por las virtudes de sus vecinos, no había ejercitado sus alas y, siempre en el mismo lugar, a duras penas sabía dar unos torpes revoloteos.

Un día, el gorrioncillo preguntó a la mamá gorriona:

-Mamá, por qué   mis plumas no son tan brillantes como las del canario?

-¡Oh, pues, porque nosotros, los gorriones, pertenecemos a otra especie de aves! ¡Este es el color de nuestros padres, abuelo y de toda ascendencia…! Complacido, preguntón?

-¡Sí, sí…! Está bien; pero tampoco tenemos hermosos trinos, como, por ejemplo, el mirlo!

-No, hijo, tampoco los gorriones descendemos de familias cantoras.

– Mamá, si no tenemos bellas plumas, ni lindos cantos…entonces qué tenemos?

-¡Algo más hermoso que todo eso! Y, levantó el vuelo muy alto, gritando:

-¡Libertaaaad!

GENERO CUENTO INFANTIL

Tiburón, perro, caimán

Hace ya algún tiempo, conocí a un tiburón tan voraz, que no tenía  suficiente con los peces del litoral  y comenzó a nadar por la orilla de la costa, mirando desconsoladamente a los animales terrestres. En muchas ocasiones, cuando algún pequeño pato saltaba al agua, de inmediato era devorado de un solo mordisco. Era tal el apetito de este insaciable tiburón, que incluso desplumaba y comía a los cansados pelícanos, que reposaban en las tranquilas aguas costeras. Su glotonería llegó a tal extremo, que se escondía  bajo los arrecifes de la costa y permanecía, durante largas horas, al acecho de algún animal, que ingenuamente se acercara a la orilla. También, las blancas gaviotas de cuello negro tuvieron que retirar sus nidos de los arrecifes, porque, al menor descuido, éste saltaba y, de un mordisco, los devoraba en el aire.

Una tarde llegó hasta la orilla un pequeño y lanudo perrito, que ladraba una y otra vez, amenazando con morder a un viejo y largo caimán costero, que reposaba al sol. En su jugueteo con el dentudo caimán, el perrito, por un momento, se situó de espaldas al mar. El tiburón, que pasaba veloz, con su aleta dorsal fuera, se detuvo y lo miró detenidamente. Nunca antes había visto a un perro, aunque, pasada la curiosidad de los primeros instantes, lo encontró apetitoso, y su boca comenzó a entreabrirse, amenazadoramente, mientras se alejaba de la orilla. De repente, ante el asombro del caimán y de una traviesa gaviota, quienes observaban la  extraña situación, cuando las aguas, casi desbordándose desde lo más profundo, se separaron, a ambos lados de la costa, por lo que el temible tiburón se lanzó, como una flecha, hasta lo alto de la roca, donde se encontraba el osado perrito.

Este, fiel a su instinto y habilidad, sin siquiera saber qué pasaba, dio un gran salto, al escuchar el chasquido  del agua que se abría. El Pinto –así se llamaba el perrito- quedó tan asustado y cercano al sitio donde se hallaba el caimán, que él podría haberlo destrozado de un zarpazo. Pero el viejo y robusto caimán no prestó atención a aquel perrito buyero y juguetón, que todos los días iba a romperle el sueño con sus ladridos.  Mientras el Pinto se le alejaba a todo correr, con el rabo entre las patas, el corpulento reptil se acercaba hasta la orilla, a ver de cerca quién  era el intruso, que se había atrevido a incursionar en su territorio.

El tiburón, que nadaba inquieto, al haber fallado en su intento, se detuvo bruscamente, ante el nuevo huésped terrestre, que, con sus pequeños ojos verdes, lo miraba desafiante y de medio lado; en su boca, ligeramente entreabierta, sobresalían dos largas hileras de afilados dientes, como una cerca de púas vivientes. El tiburón pensó en saltar y atacar a aquel feo y largo hocico, que lo estremecía, pero se detuvo, ante el gran tamaño de su boca; mientras esto sucedía, el cocodrilo se atrevió a pensar lo mismo que su contrincante, sin embargo, se acobardó, al ver la agilidad y la fortaleza de aquel extraño pez.

Tras este mutuo reconocimiento, y sin dejar de observar al fiero escualo, el caimán comenzó a alejarse, con pequeños avances hacia atrás, hacia las tierras pantanosas. El tiburón igualmente aprovechó la situación, y decidió imitarlo, internándose en las oscuras agua, cargadas de verdes algas a mar abierto. Aquellas dos bestias, de diferentes hábitats, nunca más se olvidaron la una de la otra.

Ya hacía tiempo, que al tiburón no le bastaba con dominar el mar, y soñaba con reinar en la tierra, así que seguía acechando todos los movimientos cercanos a las costas. Sin embargo, el viejo caimán resolvió no acercarse mucho al agua, para no estar a su alcance, aunque tampoco se alejaba de la orilla y vigilaba constantemente al intruso que amenazaba la estabilidad de su reino.

Una mañana, el tiburón vio, con codicia, cómo el caimán se adentraba, en las tibias aguas de la desembocadura del río; el inquieto escualo pensó que aquélla era la ocasión propicia, para probar fuerzas, con el animal larguirucho. Subió por el caudaloso río, comprobando que el agua era menos salobre y, por lo tanto, tenía dificultades para respirar y mantenerse a flote. El caimán, que lo esperaba con la boca abierta, vio cómo se arrepentía y regresaba al mar.

Esa noche, el cocodrilo subió a lo alto de una roca, y desde allí desafío al tiburón: tirando fuertes dentelladas al aire. El tiburón lo vio a su alcance y, de un gran salto, se lanzó a la roca.  El caimán, que intuía lo que estaba por suceder, se movió rápido y se apartó. Entonces, el tiburón cayó sobre el suelo, con la boca abierta, tirando torpes mordidas al aire, ya que sus fuertes aletas no le permitían moverse, en medio de aquella desolada roca; lo único que lograba hacer era saltar desorganizadamente sobre una fuerte cola.

El caimán permaneció quieto por unos minutos, analizando la situación, que ya pasaba de gris con pespuntes verdes, por lo que luego de ese preámbulo, se lanzó enseguida sobre él y, con una fuerte dentellada, abrió parte de su cola. El tiburón, que se sentía asfixiado fuera del agua, sabía que, si no huía, sería devorado, en el próximo ataque; por ello, sacó sus últimas fuerzas, para dar un nuevo salto, pero esta vez, que lo llevara de regreso al agua.

El inmenso cocodrilo, cuando vio que éste huía, se envalentonó y echó al mar, para perseguirlo y acabar con el escualo de una vez y por todas; pero, cuando al tiburón se le pasó el susto, se sintió dueño absoluto de su medio acuático y se fue en busca del atrevido reptil.

De la primera pasada, el vientre de éste comenzó a sangrar. Rápidamente, el caimán entendió que, en aquellas profundas y saladas aguas, sería fácil  presa de la bestia marina. El astuto reptil aprovechó que el tiburón se había alejado unos metros, para tomar impulso y atacarlo nuevamente, de ahí que no presentara combate y nadara velozmente hasta la orilla. Ya fuera del agua, comenzó a retarlo nuevamente, para que saltara a tierra.

Desde aquel día, ambos predadores se desafían todas las tardes, en la orilla, que delimita sus diferentes reinos. Sin embargo, nunca más el tiburón saltó a la tierra, ni el caimán entró al mar, pero, en cambio, el perro llegaba, de vez en cuando, a ladrarles, como si les dijera, en cada jau jau, que uno puede llegar a ser dueño de sus límites y excesos, y sólo quien es capaz de medirse en variados terrenos, podrá controlar y fusionar diferentes realidades, cuidando el equilibrio del ecosistema, junto al hecho de mantener siempre, que todos somos necesarios, útiles, cual una parte esencial de nuestros mutuos territorios, mientras otros se empeñen, desafiante y vorazmente, en devaluarnos, atraparnos o descalificarnos, como seres humanos competentes.

SINTESIS BIOGRAFICA

José Díaz nació en Güines, provincia de La Habana, Cuba, el 18 de septiembre de 1947. Trabajó, por 25 años, en el sector educacional, como profesor de Biología, en el Instituto Preuniversitario “Raúl Cepero Bonilla”, ubicado en el municipio 10 de Octubre, de Ciudad de La Habana. Emigró a Barcelona, España, en 1999, donde residió 6 años, y a partir del 2004, llega al Sur de La Florida, Estados Unidos, donde reside actualmente. Se ha dedicado a trabajar, como plomero, desde su arribo a Miami, mientras que actualmente labora, por cuenta propia, en la empresa MedicalWaste, INC.

YA PUEDES VOTAR POR JOSE DIAZ EN LA COLUMNA DERECHA INFERIOR, DESDE EL BLOG http://www.comunicasiber.wordpress.com

Miami, 28 de abril del 2011.

Anuncios

Acerca de josancaballero

COMUNICASIBER es la Comunidad de Comunicadores de Iberoamerica, Europa y el resto del Mundo, cuya sede se encuentra, en el Centro de Arte CUBA OCHO, en Miami, y desde ella se promueve la creacción y el debate, entre periodistas, blogueros, activistas sociales, artistas y afines, con miras creativas, libertarias, democráticas y lo concerniente a libertad de expresión e información, en todos los lugares del mundo, en donde exista una comunidad hispana o iberoamericana, propiciando la pluralidad de opinión, el cumplimiento y plenitud de los derechos universales del hombre, pues nos oponemos a cualquier vestigio de totalitarismo e intolerancia, que menoscabe el libre ejercicio del criterio y la apertura a las redes sociales y los sistemas informativos o de opinión.
Esta entrada fue publicada en Comunicacciones. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a José Díaz fabula didáctica y creactivamente en el Concurso de COMUNICASIBER

  1. Pingback: Bitacoras.com

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s